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NOS ENCONTRARÁS EN
Yo no sé qué es amor, pero mi instinto
distingue entre las voces su presencia,
y en el olor del aire del recinto
que me agita con dulce violencia,
y en los ojos, soñado laberinto,
donde busco arrojarme con vehemencia,
y en la sonrisa, como vino tinto,
que me roba el sentido y la prudencia.
Yo no sé qué es amor, ¡ciencia encantada!;
pero mis dedos y mis labios tienen
noticias de su piel, y lo que tocan,
a su piel me recuerda enamorada.
Como la luz, amor, sus rayos vienen,
y todo empieza a ser y lo colocan.
Antonio Íñigo
Parecía verdad, y era otra cosa.
Luego fue lo que era, pero ¿acaso distinto?.Cuando la realidad es el espacio,
el mundo es otro cuerpo de órbita inerte,
tan duro, impenetrable, tan extraño.Dentro/fuera, sueño/vigilia,
realidad/deseo,
de pronto son lo mismo.
Sólo la mano auscultando el pecho
te recuerda, -tic, tac-, que sigues vivo.
A. Íñigo
Hace poco he recibido como regalo un libro. De esos regalos que te hacen pensar que realmente algunas personas son capaces de hurgar en tu pensamiento y encontrar los más conveniente. En este caso, ha sido “Antologia poética de Blas de Otero” de una colección que se llama Clásicos Castalia, de la Editorial Castalia. Una edición muy cuidada, con unos poemas bien escogidos. Para compartir y no ser egoista, os dejo este, Virante. Espero que yo también haya sabido escoger.
VIRANTE
No me resigno. Y sigo y sigo. Y si
caigo, gozosamente en pie, prosigo
y sigo. Si queréis seguirme,
ahincad el paso y escuchad el mío.Eché la noche por la borda. Al borde
del vértigo, viré y cambié de sitio.
hoy hilo, hilo a hilo, la esperanza
a ojos cerrados, sin perder el hilo.Allá voy voceando paz (a pasos
agigantados, avanzando a brincos
incontenibles). Si queréis seguirme,
ésta es mi mano y ése es el camino.Blas de Otero.
Saludos, y disfrutad.
Ángel González murió el pasado día 13 de Enero, habiendo significado, sin él saberlo, uno de los mayores afluentes de poesía que este mundo ha podido ofrecerme. Ahora sabemos que antes de morir, hasta el final, estuvo escribiendo con esa calidad que le caracteriza, ese tono único y ese sabor amargo y dulce, siempre con un matiz irónico y oscuro. Estos poemas, 27 en total, serán recopilados para un libro que se llamará “Nada grave” y que aparecerá en abril.
Este título se debe a uno de esos poemas ineditos, llamado Caida:
Y me vuelvo a caer desde mí mismo
al vacío,
a la nada.
¡Qué pirueta!
¿Desciendo o vuelo?
No lo sé.
Recibo
el golpe de rigor, y me incorporo.
Me toco para ver si hubo gran daño,
mas no me encuentro.
Mi cuerpo ¿dónde está?
Me duele sólo el alma.
Nada grave.
Angel Gonzalez, DEP.
Son esas mañanas frías. El invierno reina desde el atardecer y prolonga su dominio más allá de la noche, durante todo el día después.
En vano quieres que la llave del contacto genere la chispa y ponga en marcha el motor. Más intentos, esperas, nuevos intentos… Y la angustia creciendo, porque lo peor parece inevitablemente próximo.
Cada vez unos giros más ahogados son la respuesta, o la no respuesta.
Antonio Íñigo
- Aún es temprano para despertarse,
¿no crees? - te dije hecho un ovillo
bajo las sabanas.
Me miraste llena de reproche
y me hablaste de los malos días
y los nublos amenazantes,
acechándonos.- Lo que está por venir, vendrá -
te dije. - Las tormentas siempre avisan,
pero eso no nos puede quitar el sueño.
1
Terrible metamorfosis de la rosa que con furia inexplicable sacude el caracol, lo persigue, lo aplasta. Un pájaro se come su carne mezclada con pedazos de concha y tierra.
En los pétalos de la altiva flor varias gotas de rocío, nunca tan frías, tan de cristal. Sobre el suelo, una mancha oscura huele a rosas.
2
La laguna seca en medio del desierto, lejos ya los álamos, los carrizos y las espadañas de sus orillas, pone un acento funeral en el paisaje tras mutar la piel de agua por salitre. Sólo mirarla quema la garganta.
Sobre ella, señores absolutos, el sol y el aire hacen semejantes el cielo y el infierno.
3
Miró hacia otro lado porque creyó escuchar una voz que le llamaba. Cuando volvió la cara, ella era un pájaro, y la reconoció por su torpe costumbre de golpearse contra los cristales.
Antonio Íñigo
Casi siempre nos entregábamos a la bebida sin motivo aparente. Hablábamos y reíamos. Pero sobre el logos se imponía el phatos. Yo llenaba tu copa y tú la mía. Nos animábamos mutuamente para seguir bebiendo. Tómatelo de un trago. Tonto el úlimo.
No era durante esas noches preestablecidas en las que todo el mundo se vuelve loco. No había cita. Tú llamabas, o llamaba yo. A nuestro alrededor algunos ojos, pocos, de jueces. Tristes por no poder condenar, adormecidos, ejercían su vocación de doctores de la moral. Pero no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y nosotros estábamos en la ceguera total de alcohol y palabras. Teníamos sed.
La vida entonces sólo era un foco que nos iluminaba a los dos. Lo demás, aunque existía y lo sabíamos, era sombra y silencio. Ningún remordimiento. Beber, embriagarse, vivir en un escenario de luz.
La claridad del día nos pillaba dormidos en lugares distintos, separados. El paso del tiempo lo marcaban esos encuentros que parecían ejercicios para borrarlo. Vivir era también morir, pero nunca imaginamos que pudiera ocurrir tan pronto.
Antonio Íñigo
Y qué si aún teniendo
los bolsillos cosidos
la vida ha logrado robarme
las palabras de repuesto.Las palabras,
como las intenciones,
crecen en los árboles
y nunca faltan.Pero aún así,
esas palabras,
eran mías.JesúsR
Recibo otra llamada en el teléfono, grillo de cualquier estación. Lo miro sin cogerlo. Insiste.
Un empleado de banco me ofrece el oro del moro. Una operadora de Wanadoo quiere que contrate más gigas. El Corte Inglés me hace una tarjeta de crédito gratis. Un vendedor de seguros pregunta cuánto pago por la póliza de mi coche. Una voz dulce con acento sudamericano dice que he tenido suerte, sólo debo acudir para recoger el premio a un hotel.
Grillos, grillos. Espera, espera. Hay pacientes que no sientimos el dolor, o nos ahoga las palabras si aparece. Llama, doctor.
Ya soy experto en autocuras.
Antonio Íñigo
Dos laberintos entrecruzados
y un espejo.
De frente, alguien camina.
Me aproximo hasta alcanzar
su mismo tamaño,
su mismo paso.
Intercambiamos miradas,
pero sin tocarnos proseguimos.
Avanzo a través del hueco
que deja su silueta en el espejo
mientras me invade
una fuerte sensación
de soledad y miedo.
¿Quién soy yo?
Ya no sé.Sé, sé, sé,
repite una voz que se aleja
justo en sentido contrario.
Antonio Íñigo
Grito
un poema a los ojos del mar,
a la gracia de las naranjas,
a la inteligencia del búho.Era
un poema dormido en la arena,
entre la arcilla,
bajo la roca.Escribo
un poema que no tiene nombre,
ni espacio ni hueco,
ni dirección segura.Dejo
un poema que se grabe en el viento,
que se lleve el viento,
que se escape en un beso.
Antonio Íñigo
Me he dejado
tanto en dique seco
las ganas y la poesía,
que he perdido
en el camino el toque,
el tono y la capitanía.Noto el hormigueo
incesante entre los dedos,
el dolor amargo
de mis celos no domados.Siento entrelazándose
conmigo la embriaguez
y la torpeza, escondiéndome
una a una las palabras certeras.Y aquí,
humanamente perdido,
desperanzado por desuso,
sólo encuentro salida
en la charla sobre, ésta,
mi ausencia misma.JesúsRPeinado
A Jhony, futbolista y aprendiz de poeta
Aunque tu juego exija maestría
de pies, usa las manos cuando cuentes
las sílabas del verso, y obedientes
irán bailando al ritmo de tu guía.
No es falta ni tampoco tiranía
para escribir poemas competentes
de metro frío y de sentir calientes,
sino un seguro caro a la poesía.Himnos y estatuas fueron galardones,
recompensas del triunfo a los atletas.
Viendo tu esfuerzo y la pasión que pones
para rimar, espero que sometas
al contrario robando los balones
como aseguro que serás poeta.Y a la alegría de ganar partidos
añadirás tus versos encendidos.Antonio Iñigo